La paz de la “Isla de las Golondrinas” se vio interrumpida por el humo, pero la respuesta de las autoridades esta vez no se hizo esperar. Este 23 de febrero, las fuerzas de seguridad en Cozumel lograron la detención de dos sujetos señalados como los presuntos responsables de incendiar dos establecimientos comerciales. El contexto importa, ya que estos ataques directos contra negocios locales tocan la fibra más sensible de un destino que vive de su imagen y su tranquilidad.
Los hechos, que inicialmente fueron reportados como siniestros aislados, escalaron rápidamente a una investigación por ataque provocado. Gracias al despliegue coordinado entre la Policía Municipal y las fuerzas estatales, se logró ubicar a los sospechosos poco tiempo después de los incidentes. Como si hiciera falta recordarlo, en una isla donde las rutas de escape son limitadas, la logística criminal suele chocar de frente con la geografía.
La seguridad en Quintana Roo, específicamente en sus zonas insulares, ha estado bajo la lupa debido a intentos de extorsión y cobro de piso. Aunque la versión oficial se centra en la captura inmediata, la explicación deja preguntas en el aire sobre el trasfondo de estos ataques: ¿fue una advertencia o un acto de vandalismo desmedido? No exactamente una sorpresa en el panorama actual, pero sí un recordatorio de que ni el aislamiento del mar blinda totalmente contra la violencia dirigida.
Las autoridades han puesto a los detenidos a disposición de la Fiscalía General del Estado para determinar su situación jurídica. El detalle no es trivial, pues la rapidez con la que se resuelva este caso enviará un mensaje claro —o uno muy tibio— al sector empresarial que hoy mira con recelo sus persianas cerradas.
Lo que sigue es la audiencia de control para formalizar las imputaciones. Mientras tanto, en las calles de Cozumel, el olor a quemado se disipa, pero la tensión entre los comerciantes permanece abierta.



















































