La tregua en las calles de la Riviera Maya parece ser, una vez más, un concepto decorativo. Un nuevo video que circula en redes sociales documenta el momento en que presuntos integrantes del sindicato local de taxistas cercan e intimidan a un conductor de plataforma digital mientras realizaba un servicio.
El contexto importa, sobre todo cuando las escenas de confrontación en zonas turísticas se han vuelto parte del paisaje cotidiano, pese a las resoluciones judiciales que, en teoría, deberían garantizar la libre competencia.
El desarrollo de este altercado ocurrió a plena luz del día, ante la mirada de turistas y locales que atestiguaron cómo las unidades de transporte concesionado cerraron el paso al vehículo particular. Entre reclamos y palabras altisonantes, los agresores exigían al conductor detener su actividad, bajo el argumento de que operaba de manera “ilegal”. No exactamente una sorpresa en un estado donde el gremio taxista ha defendido su territorio con métodos que poco tienen que ver con la calidad del servicio.
La explicación oficial de las autoridades suele centrarse en el llamado al diálogo, pero la realidad en el pavimento cuenta otra historia. Como si hiciera falta recordarlo, este tipo de incidentes no solo afectan la movilidad, sino que golpean la imagen de un destino que depende de la percepción de seguridad de sus visitantes. En las imágenes se aprecia la tensión de un conductor que, atrapado en su propia unidad, intenta documentar la agresión mientras el cerco se estrecha.
La consecuencia real es un clima de incertidumbre que persiste tanto para trabajadores como para usuarios. La pregunta implícita queda en el aire: ¿hasta cuándo la ley estatal será suficiente para frenar la voluntad de un sindicato que se siente dueño de las avenidas? Por ahora, la tensión sigue abierta y la vigilancia policial, como suele suceder en estos casos, llegó cuando las cámaras ya habían captado lo necesario.


















































