Ni las nubes grises ni el pronóstico de precipitaciones fueron suficientes para ponerle pausa al calendario escolar en el Caribe mexicano. La gobernadora Mara Lezama confirmó que no hay suspensión de clases en Quintana Roo para este lunes 23 de febrero, desactivando así la ola de rumores que suele inundar los grupos de WhatsApp de padres de familia apenas cae la primera gota. El detalle no es trivial, pues la logística educativa del estado mueve a cientos de miles de personas y cualquier aviso de última hora trastoca la economía local.
La decisión oficial se basa en los reportes de Protección Civil, que aunque prevén chubascos intermitentes, no consideran que el fenómeno represente un riesgo mayor para la integridad de los estudiantes. Como si hiciera falta recordarlo, en esta región la lluvia es parte del inventario cotidiano y, salvo inundaciones severas o vientos de fuerza mayor, las aulas permanecen abiertas. La seguridad en Quintana Roo y su operatividad educativa dependen hoy de un monitoreo minuto a minuto que, hasta el momento, otorga luz verde.
El ritmo de las escuelas en municipios como Benito Juárez, Solidaridad y Othón P. Blanco se mantiene bajo la advertencia de “tomar precauciones al conducir”, pero sin el beneficio del descanso. La explicación oficial deja preguntas entre quienes habitan zonas con drenaje deficiente, donde llegar al plantel escolar se convierte en una carrera de obstáculos acuáticos. No exactamente una sorpresa, pero sí una constante en la gestión de crisis climáticas: la prioridad es no perder días lectivos.
Para los niveles básicos y media superior, la instrucción es clara: las faltas no están justificadas por el clima actual. El gobierno estatal ha hecho hincapié en que solo los canales oficiales —y no las capturas de pantalla de dudosa procedencia— son la fuente válida para cualquier cambio en la jornada laboral o educativa.
Lo que sigue es el monitoreo del sistema frontal que cruza la península. Si la intensidad del agua aumenta durante la tarde, la presión sobre la Secretaría de Educación podría forzar un cambio de postura para el turno vespertino, aunque por ahora, los libros de texto llevan la delantera sobre los impermeables.




















































