No todo lo que brilla es oro, ni todo lo que es azul en Bacalar se mantiene así por arte de magia. En un esfuerzo por separar la realidad científica de la narrativa turística, un grupo de expertos y académicos presentaron tres obras literarias que ponen bajo la lupa la salud real de la Laguna de los Siete Colores.
El evento, realizado en el Centro Regional de Educación Normal (CREN), no fue una simple presentación de café. Se trata de una radiografía necesaria para un ecosistema que, entre la presión inmobiliaria y el turismo masivo, parece estar pidiendo una tregua. El contexto importa, sobre todo cuando la salud de la laguna suele medirse más por la estética de las fotos en Instagram que por la calidad de sus estromatolitos.
Entre la academia y la realidad
Las obras presentadas son “Mitos y realidades de la Laguna de Bacalar”, “Propuesta de ordenamiento comunitario del municipio de Bacalar” y “Estrategias de educación ambiental para la conservación”. Los títulos no son precisamente lectura de playa, pero su contenido es vital para entender que el azul de la laguna no es infinito.
Uno de los puntos centrales discutidos por los autores —investigadores de renombre como la doctora Luisa Falcón de la UNAM y el doctor Alberto Sánchez del IPN— es el cuestionamiento de los mitos científicos que han rodeado al cuerpo de agua. Por años, se ha vendido la idea de una laguna prístina e intocable, cuando la realidad química y biológica muestra señales de estrés por la falta de un drenaje adecuado y el manejo de residuos.
Ironía y ciencia
Resulta curioso —por no decir irónico— que mientras se promociona a Bacalar como un destino de naturaleza virgen, la ciencia tenga que salir a explicar que los estromatolitos (esos “seres de piedra” que nos dan oxígeno) no son decorativos y que morirán si seguimos tratándolos como parte del mobiliario urbano. Como si hiciera falta recordarlo, la naturaleza no se regenera al ritmo de las reservaciones hoteleras.
Los libros no solo lanzan alertas, sino que proponen un ordenamiento comunitario. Es decir, una hoja de ruta para que el crecimiento de la zona deje de ser una improvisación constante. La pregunta aquí no es si Bacalar va a cambiar, sino si estamos listos para que ese cambio no termine por desaparecer lo que lo hace único.
Lo que sigue
La entrega de estos materiales a las bibliotecas locales y al CREN busca que las nuevas generaciones de docentes tengan herramientas reales para educar. El reto ahora es que estas investigaciones no se queden en el estante de la academia, sino que lleguen a las mesas donde se toman las decisiones políticas y económicas. La laguna sigue ahí, pero su color, según advierten los expertos, ya no es una garantía constitucional.





















































