La puerta de entrada al Caribe Mexicano tiene un problema de higiene profunda que no se resuelve con folletos turísticos. Autoridades municipales y ambientales de Benito Juárez concretaron la clausura de un basurero clandestino ubicado en un predio cercano al Aeropuerto Internacional de Cancún. No es un dato menor, considerando que este espacio se había convertido en un foco de infección y mala imagen en una de las zonas de mayor tránsito de visitantes.
El operativo, encabezado por la Dirección de Solución Integral de Residuos Sólidos (Siresol) y Protección Civil, reveló que el sitio operaba sin ningún tipo de permiso ni medida de contención ambiental. En el lugar se encontraron toneladas de desechos sólidos, escombros y restos orgánicos que ya comenzaban a afectar el subsuelo. El contexto importa, pues Cancún atraviesa una crisis intermitente en la disposición final de residuos que empuja a ciertos sectores a buscar “salidas fáciles” en terrenos baldíos.
Entre el descuido y el negocio
No exactamente una sorpresa para los vecinos y transportistas de la zona, quienes ya habían reportado el flujo constante de camionetas que descargaban desechos de manera irregular. La explicación oficial deja preguntas sobre cuánto tiempo operó este sitio antes de que los sellos de clausura hicieran su aparición. La ironía se cuenta sola: mientras la ciudad presume certificaciones ambientales, a unos kilómetros de la terminal aérea se acumulaba el descuido.
Lo que sigue
Tras la colocación de los sellos de restricción, se espera que los propietarios del predio enfrenten sanciones administrativas y multas económicas considerables. La consecuencia real, más allá de la clausura, es la necesidad de un saneamiento urgente para evitar que los lixiviados alcancen el manto freático. Queda abierta la tensión sobre si esta medida frenará la proliferación de estos “tiraderos fantasma” o si simplemente se mudarán de lote ante la falta de una vigilancia permanente.





















































