El esquema de “usos y costumbres” que permitía a los mototaxistas en Quintana Roo operar en una zona gris legal parece tener los días contados. Las autoridades estatales han comenzado a cerrar el cerco para formalizar un servicio que, aunque necesario en las periferias, ha crecido de forma desmedida y bajo sus propias reglas. El detalle no es trivial, pues hablamos de miles de unidades que hoy operan sin un padrón real ni garantías mínimas para el usuario.

La estrategia busca finalmente poner nombre, apellido y matrícula a quienes circulan por las colonias de Cancún, Playa del Carmen y la zona maya. Se acabó el tiempo en que cualquiera con una moto y una estructura de lona podía declararse transportista. No exactamente una sorpresa, si consideramos que los conflictos con el gremio taxista y los incidentes viales han sido la constante en el reporte diario de seguridad.
Lo que se intenta es establecer perímetros de operación claros y un censo que permita saber quién es quién detrás del manubrio. Como si hiciera falta recordarlo, la proliferación de estas unidades respondió originalmente a una carencia de transporte público eficiente, pero el remedio terminó convirtiéndose en una estructura de poder local difícil de gestionar. Ahora, la consigna es clara: o se alinean a la Ley de Movilidad, o las sanciones dejarán de ser simples advertencias.
Sin embargo, la explicación oficial deja preguntas sobre la capacidad real de inspección. Una cosa es publicar el reglamento en el Periódico Oficial y otra muy distinta tener suficientes inspectores para vigilar cada rincón de las regiones donde el mototaxi es ley. La resistencia de los sindicatos y agrupaciones independientes será, sin duda, el primer gran obstáculo de este intento de ordenamiento.
Por ahora, los operativos ya asoman en las avenidas principales para retirar a quienes no cuenten con el permiso correspondiente. Lo que sigue es una negociación tensa donde se verá quién tiene más peso: la necesidad de regular el caos o la fuerza política de un gremio que sabe moverse muy bien en la informalidad.





















































