El Parque Nacional Arrecifes de Cozumel volverá a poner pausa en algunas de sus zonas más emblemáticas. A partir de este mes de febrero, y extendiéndose durante marzo de 2026, los arrecifes de El Cedral y Punta Francesa —junto a un tercer sector del polígono— restringirán el acceso a visitantes. El objetivo, según la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp), es dar un respiro al ecosistema para mitigar el impacto humano y favorecer la regeneración del coral.
El detalle no es trivial: los corales, que parecen rocas pero tienen la sensibilidad de un cristal fino, necesitan estos periodos de “aislamiento” para sobrevivir al estrés que supone el turismo masivo y el cambio climático.
Como si hiciera falta recordarlo, la salud de los arrecifes de Cozumel no es solo una cuestión de estética para las fotos de Instagram; es el motor de la economía local. Por ello, la estrategia de manejo ambiental busca que la recuperación natural de las colonias de coral sea viable. No exactamente una sorpresa, pero sí una medida que sigue generando el consabido roce entre la conservación estricta y la urgencia de los prestadores de servicios por mantener las lanchas en el agua.
El desarrollo de esta pausa ambiental forma parte de un calendario rotativo. Mientras algunos sectores descansan, otros absorben la carga, un equilibrio delicado que la autoridad ambiental intenta mantener mediante el monitoreo constante. Sin embargo, la explicación oficial deja preguntas en el aire para algunos sectores turísticos, quienes cuestionan si dos meses son suficientes para sanar lo que años de sedimentación y temperaturas récord han castigado.
A diferencia de cierres anteriores motivados por el agresivo “síndrome blanco”, esta suspensión temporal se presenta como una medida preventiva y programada. Se busca reducir la presencia de bloqueadores solares, el contacto físico accidental y la turbidez del agua en áreas críticas.
Lo que sigue para Cozumel es un examen de resistencia. Con el Carnaval 2026 en marcha y la temporada alta asomando, la efectividad de este cierre se medirá no solo en la claridad del agua, sino en la capacidad de los operadores y el Gobierno para respetar los límites de un ecosistema que, claramente, está pidiendo tiempo fuera. La pregunta ahora es si el descanso será suficiente para que el arrecife vuelva a ser el de antes, o si nos estamos acostumbrando a ver la naturaleza solo por temporadas.



















































