La Secretaría de Seguridad Ciudadana de Quintana Roo confirmó la detención de Adrián “N”, un elemento activo de la corporación que, en sus ratos libres —o quizás no tanto—, presuntamente intercambiaba el uniforme por el volante de un taxi para cometer robos con violencia. La captura ocurrió en las inmediaciones de la Supermanzana 213, tras un operativo que puso fin a una serie de reportes ciudadanos.
El contexto importa: no estamos ante un delincuente común, sino ante alguien que juró proteger a la ciudadanía y que, según las investigaciones, utilizaba el conocimiento táctico y la movilidad que le otorgaba su cargo para delinquir. No es un dato menor que el detenido portara un arma de fuego al momento de su arresto, la cual habría utilizado para amagar a sus víctimas.
Doble vida tras el volante
La detención no fue obra de la casualidad. Diversas denuncias señalaban a un taxi del sindicato “Andrés Quintana Roo” involucrado en asaltos a transeúntes en zonas periféricas de la ciudad. Lo que los agentes no esperaban —o quizás sí, dada la historia reciente de la corporación— era que el conductor fuera un compañero de filas.
Como si hiciera falta recordarlo, el gremio de taxistas en Cancún ya arrastra su propia crisis de imagen, y que uno de sus miembros sea simultáneamente policía y asaltante, complica cualquier intento de defensa institucional. La explicación oficial de la corporación ha sido la de siempre: “cero tolerancia”, aunque la detención deja preguntas incómodas sobre los filtros de control de confianza que, evidentemente, Adrián “N” logró sortear sin mayores problemas.
Durante la revisión, además del arma y el vehículo, se le aseguraron pertenencias que presuntamente pertenecen a sus víctimas recientes. La fiscalía estatal ya integra la carpeta de investigación por robo agravado y portación de arma de fuego, mientras que el área de Asuntos Internos ha iniciado el proceso de baja definitiva.
¿Qué sigue?
La situación de Adrián “N” ahora queda en manos de un juez de control, quien determinará su vinculación a proceso. Mientras tanto, queda la sensación de una seguridad vulnerada desde dentro. La pregunta no es solo cuántos asaltos cometió, sino cuántos más operan bajo este esquema de doble identidad en las calles de Cancún.



















































