Justo a la hora en que el hambre aprieta y el tráfico se espesa, el Boulevard Bahía de Chetumal volvió a ser escenario de las prisas mal calculadas. Un motociclista terminó su trayecto mucho antes de lo planeado, derrapando y sufriendo lesiones considerables a la altura de la Mega Escultura, entre la avenida Primo de Verdad y la calle Elizabeth.
El incidente ocurrió a las 12:53 p.m. de este 5 de febrero, un horario en el que esta arteria no perdona distracciones. No es un dato menor: el accidente bloqueó uno de los tramos más visuales y turísticos de la capital justo cuando la afluencia empezaba a subir.
Entre el susto y la sirena
Todo indica que el conductor perdió el control —esa frase comodín que explica todo y nada a la vez— y acabó besando el pavimento. La motocicleta quedó volcada, obstruyendo el carril como un monumento a la imprudencia, mientras su dueño salió proyectado varios metros.
Lo que realmente encendió las alarmas de los transeúntes no fue solo el golpe, sino las manchas hemáticas que empezaron a marcar el asfalto. El motociclista presentaba una herida en la cabeza que sangraba de forma escandalosa, aunque, para fortuna de todos, se mantuvo consciente en todo momento.
Elementos del Escuadrón de Rescate y Urgencia Médicas (E.R.U.M.) de la Secretaría de Seguridad Ciudadana llegaron para hacer lo suyo: contener la hemorragia y estabilizar al herido antes de que el pánico ganara terreno.
La fila india
Como si hiciera falta recordarlo, el Boulevard se convirtió en un estacionamiento temporal. Al ser la ruta obligada para quienes van hacia Calderitas o simplemente a “dar la vuelta”, el cierre parcial generó ese tráfico lento que tanto desespera al chetumaleño promedio. Conductores y peatones tuvieron que improvisar como agentes viales, bajando la velocidad para evitar que el accidente se duplicara.
Finalmente, Tránsito se hizo cargo del peritaje para deslindar responsabilidades y, sobre todo, para despejar la vía.
El motociclista fue atendido, pero la pregunta queda flotando en el aire caliente de la bahía: ¿fue la velocidad, el asfalto o simplemente la mala suerte de un jueves cualquiera?




















































