En un movimiento que parece desafiar la tradición mexicana de pedir copias de las copias, el Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE) lanzó un aviso que dará un respiro a miles de adultos mayores. A partir de ahora, el trámite de vigencia de la credencial de jubilados dejará de ser una preocupación presencial para un grupo importante de derechohabientes. El contexto importa: no es solo comodidad, es un ajuste necesario a la era digital que llega con años de retraso.
Históricamente, los pensionados y jubilados debían acudir periódicamente a las oficinas del instituto para demostrar, básicamente, que seguían con vida y así mantener el cobro de sus prestaciones. Esta mecánica, conocida popularmente como el “pase de revista”, obligaba a personas de movilidad reducida o residentes en zonas alejadas a trasladarse a las delegaciones estatales.
El cambio consiste en que el ISSSTE ha logrado cruzar sus bases de datos con el Registro Nacional de Población (RENAPO), permitiendo que la validación de la vigencia de la credencial de jubilados sea automática. La explicación oficial deja preguntas sobre por qué no se implementó antes, pero el resultado es claro: si los datos del beneficiario están correctamente registrados en el sistema y vinculados a su CURP, el proceso será invisible para el usuario.
Sin embargo, el aviso no es una carta abierta al descuido. Quienes tengan inconsistencias en sus datos personales o problemas con su Clave Única de Registro de Población seguirán obligados a regularizar su situación de forma manual. No exactamente una sorpresa: en el mundo de la administración pública, la digitalización es maravillosa hasta que el sistema detecta que un apellido lleva una tilde que el otro no tiene.
Este movimiento busca reducir la saturación en las ventanillas de atención y, de paso, evitar los riesgos de salud que implican las aglomeraciones para la población vulnerable. Con esta medida, el instituto intenta sacudirse la imagen de una institución anclada en el papeleo infinito, aunque el verdadero reto será que los sistemas no presenten fallas que suspendan pagos por “errores de dedo” electrónicos.
Lo que sigue para los jubilados es monitorear que sus depósitos lleguen puntuales este mes; la tecnología promete libertad, pero la confianza del derechohabiente suele ser un trámite mucho más lento de procesar.





















































