Sylvester Stallone, uno de los íconos más grandes de Hollywood, debe su característica expresión facial a un accidente ocurrido el 6 de julio de 1946, durante su nacimiento.
Debido a un parto complicado, el uso incorrecto de fórceps por parte del equipo médico cortó accidentalmente un nervio en la cabeza del bebé, causando una parálisis parcial permanente en los músculos del lado izquierdo de su rostro, incluyendo el labio inferior, la barbilla y parte de la lengua. Esta condición le otorgó su distintiva mueca y un habla ligeramente arrastrada, rasgos que, lejos de ser un obstáculo, se convirtieron en sellos icónicos de su carrera en películas como Rocky y Rambo. Aunque se han mencionado lesiones posteriores, como un desgarro pectoral, la parálisis facial derivada de su nacimiento sigue siendo la causa principal y más documentada de su singular apariencia. Stallone ha transformado esta adversidad en un símbolo de su legado cinematográfico, demostrando que las imperfecciones pueden convertirse en fortalezas.






















































