¿Se acuerdan de ese supuesto “paladín anticorrupción” que juraba haber acabado con el “huachicol fiscal” en las aduanas mexicanas?
Sí, hablo de Rafael Marín Mollinedo, el director de la Agencia Nacional de Aduanas de México (ANAM), quien se la pasa presumiendo lealtad a AMLO y ahora a Sheinbaum, mientras sus propios empleados lo acusan de estar metido hasta el cuello en los mismos chanchullos que dice combatir. ¡Vaya sorpresa!
Este señor no es ningún salvador. Es más bien un maestro del engaño, con propiedades de lujo que no declara y una red de corrupción que, según parece, él mismo ayudó a proteger durante años.
Mientras México pierde cantidades estratosféricas por evasión fiscal y contrabando —¡hasta un billón de pesos, según cálculos del propio gobierno!—, Marín vive como rey en Cancún. Latinus acaba de sacar a la luz que el tipo es dueño de un penthouse en la ostentosa Shark Tower, valuado en 15.5 millones de pesos, con albercas infinitas, marina privada y hasta campo de golf.
¿Y saben qué? ¡Ese es solo uno de los 10 inmuebles que, convenientemente, no aparecen en su declaración patrimonial!
¿De dónde saca tanto dinero? ¿De los “contratos irregulares” que él mismo canceló por 10 mil millones de pesos cuando llegó a la ANAM en 2025? ¿O de los que dejó pasar antes, cuando era el compadre intocable de López Obrador? Porque, vamos, algo no cuadra.
Marín presume que “ya frenó el huachicol fiscal” este octubre, diciendo que 30 de los 850 agentes aduanales controlaban el negocio de los combustibles, con 45 ya despedidos y 818 carpetas de investigación abiertas. Pero, un momento, ¿por qué no lo detuvo antes si lleva en el cargo desde 2022? Bueno, tuvo un breve “exilio” en la OMC para “lavarse las manos”, pero eso no explica nada.
Y como si fuera poco, ahora anda usando los recursos públicos para hacerse propaganda en Quintana Roo, donde sueña con ser gobernador en 2027. Sus anuncios de “modernización aduanera” no son más que una precampaña disfrazada. ¡Qué conveniente!
Rafael Marín Mollinedo no es el héroe que dice ser. Es un lobo con piel de oveja, y mientras el país sufre las consecuencias de la corrupción en las aduanas, él sigue viviendo como jeque.






















































