La zona de El Crucero, ese punto neurálgico donde la ciudad converge y que las autoridades han intentado “rescatar” en innumerables ocasiones, volvió a ser el escenario de un ataque armado. Un hombre perdió la vida tras recibir varios impactos de bala la tarde de este martes, a la vista de transeúntes y comerciantes. El contexto importa, especialmente en un perímetro que cuenta con vigilancia permanente, pero que parece tener sus propias reglas.
Los hechos ocurrieron en la Supermanzana 66, cerca de la intersección de las avenidas Tulum y López Portillo. Según los primeros reportes, sujetos a bordo de una motocicleta se aproximaron a la víctima y dispararon a corta distancia para luego huir entre el tráfico pesado de la zona.
La respuesta de siempre
Minutos después del reporte al 911, arribaron elementos de la Policía Municipal y paramédicos, quienes solo pudieron confirmar que el hombre ya no contaba con signos vitales. No exactamente una sorpresa, el despliegue del “Operativo Búsqueda” por parte de las fuerzas de seguridad no arrojó detenidos en el momento inmediato, una narrativa que se ha vuelto dolorosamente familiar para los cancunenses.
La zona fue acordonada, obligando a cientos de ciudadanos que regresaban de sus empleos a rodear la escena del crimen. El contraste es marcado: mientras los peritos de la Fiscalía General del Estado recolectaban los casquillos, a pocos metros la vida comercial de El Crucero intentaba seguir su curso, en esa normalización de la violencia que ya es parte del paisaje urbano.
Justicia en espera
Personal del Servicio Médico Forense (Semefo) realizó el levantamiento del cuerpo para la necropsia de ley, mientras que los agentes ministeriales iniciaron la carpeta de investigación correspondiente. La explicación oficial deja preguntas sobre la eficacia de las cámaras del C5 en un sector tan vigilado, pero con resultados tan intermitentes en materia de prevención.
Por ahora, la identidad de la víctima permanece en reserva y el móvil del ataque se mantiene bajo investigación. Lo que queda claro es que, pese a las remodelaciones físicas de la zona, la seguridad en este punto de la ciudad sigue siendo una asignatura pendiente que se resuelve, casi siempre, con cintas amarillas de “prohibido el paso”.





















































