El mundo contuvo la respiración esta mañana. En un giro dramático digno de una película, el presidente surcoreano Yoon Suk Yeol declaró sorpresivamente la Ley Marcial, acusando a la oposición de ser fuerzas “anti-estatales” y paralizando momentáneamente la democracia de una de las economías más fuertes de Asia.
El caos fue total. Tropas intentaron ingresar al Parlamento, helicópteros sobrevolaron Seúl y la moneda se desplomó. Sin embargo, lo que llamó la atención fue la reacción relámpago de los legisladores: saltando vallas y forzando puertas, lograron reunirse de emergencia y votaron unánimemente para bloquear el decreto presidencial, obligando a Yoon a dar marcha atrás horas después.
“Es un autogolpe fallido”, señalan analistas internacionales. La situación en las calles es de máxima tensión, con miles de manifestantes pidiendo la renuncia inmediata del presidente.
Este evento ha sacudido la estabilidad geopolítica de la región y ha encendido las alarmas en Washington y Tokio. Corea del Sur pasó de la normalidad al borde del abismo en cuestión de horas. El caso seguirá generando atención global mientras se define el futuro del mandatario.



















































