Poza Rica, Veracruz – 13 de octubre de 2025 – En un acto de cinismo político que ha encendido las redes y las calles, la presidenta Claudia Sheinbaum se atreve a negar lo innegable: la catástrofe que arrasó con hogares, comercios y, peor aún, vidas humanas en Poza Rica no fue un “accidente del clima”, ¡sino el resultado directo de una negligencia brutal del propio alcalde de Morena!
Entre la medianoche del 9 de octubre y las 4 de la mañana del 10, un lapso de 28 horas decisivas en las que se pudo haber evacuado a miles de familias ante la amenaza inminente del desbordamiento del río Cazones.
¿Qué hizo el presidente municipal, el morenista que debería velar por su gente?
¡Nada! En lugar de activar alertas, desplegar refugios o coordinar rescates, optó por perder el tiempo desmintiendo “rumores” en redes sociales sobre la supuesta apertura de compuertas en la presa Necaxa.
Videos virales muestran calles convertidas en ríos furiosos, autos flotando como juguetes rotos y familias atrapadas en techos, gritando por ayuda que nunca llegó a tiempo. La crecida del Cazones superó los 46 metros de nivel –3.5 metros por encima de lo “ordinario”, según la Conagua–, inundando colonias como Morelos, Las Granjas y zonas bajas enteras.

Hogares destruidos, lodo por doquier, y un saldo preliminar que habla de al menos un policía muerto, decenas de heridos y miles de damnificados.
¿Y las vidas perdidas? No son números: son padres, hijos, abuelos arrastrados por la corriente de una negligencia que huele a crimen.

Pero el colmo del escándalo es la respuesta presidencial. Claudia Sheinbaum, con su habitual frialdad de discurso prefabricado, sale al púlpito nacional a decir que “todo está bajo control” y que las versiones de la prensa y los testigos son “falsas”. ¡Falso! ¿Cómo se atreve a insultar la inteligencia del país?
¿Acaso no sabe –o finge no saber– que su propio partido gobierna en Poza Rica y que el alcalde, leal a Morena hasta la médula, falló estrepitosamente?
Fuentes de Protección Civil municipal y estatal confirman que, aunque la presa Necaxa es de cresta libre (sin compuertas manuales, como se aclaró en desmentidos oficiales), el desfogue natural por el 95% de capacidad –exacerbado por las lluvias– fue previsible.
¡Y en esas 28 horas perdidas, se pudo haber salvado todo!






















































