La presidenta Claudia Sheinbaum descartó este lunes el cese de Zoé Robledo al frente del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), en medio de las protestas callejeras de trabajadores de la sanidad pública por sueldos y desabastecimiento. El contexto importa: las manifestaciones del personal médico desafían al Ejecutivo federal exigiendo respuestas urgentes ante la crisis operativa en los hospitales.
Durante su conferencia matutina en Palacio Nacional, la mandataria defendió la continuidad del funcionario al señalar que “por el momento, está atendiendo todo lo necesario”. No exactamente una sorpresa dentro de la dinámica del gabinete, el gobierno federal optó por respaldar al director del instituto en lugar de ceder a las presiones inmediatas de la calle.
Sheinbaum también adelantó que se llevará a la mesa una nueva propuesta salarial para atender las quejas del personal, aunque matizó con una advertencia prudente: cualquier incremento tendrá que corresponderse estrictamente “con los recursos” financieros disponibles. Como si hiciera falta recordarlo, los márgenes presupuestales suelen ser el filtro donde mueren las mejores intenciones laborales.

Por otro lado, la administración federal se desmarcó de otra de las demandas principales de los manifestantes: la destitución del líder sindical del gremio, Rafael Olivos. En este frente, la postura oficial fue clara al señalar que ese conflicto interno debe resolverse dentro de los cauces del propio sindicato y no por vía decreto gubernamental. Con el canal de diálogo abierto pero sin cambios en la cúpula, la tensión en el sector salud se mantiene en una cuerda floja a la espera de que la nueva oferta económica logre disuadir las movilizaciones.




















































