CIUDAD DE MÉXICO. – En la ruleta rusa que se ha vuelto la política comercial de América del Norte, México acaba de esquivar una bala de calibre importante. La presidenta Claudia Sheinbaum celebró este viernes que el gobierno de Donald Trump decidiera no imponer a nuestro país los aranceles recíprocos que hoy entraron en vigor para el resto del mundo. El detalle no es trivial: mientras otros socios comerciales despiertan con un impuesto generalizado de al menos el 10%, México conserva su estatus de excepción bajo el paraguas del T-MEC.
La decisión de la Casa Blanca llega tras semanas de llamadas, misiones diplomáticas a Washington y una estrategia de “paciencia estratégica” por parte de Palacio Nacional. Para la mandataria, este desenlace es prueba de que el diálogo rinde frutos, incluso con una administración estadounidense que ha hecho del proteccionismo su bandera principal. Como si hiciera falta recordarlo, la amenaza de una guerra comercial total había mantenido en vilo a la industria automotriz y agropecuaria desde el inicio del año.
Sin embargo, la explicación oficial deja preguntas en el aire. Aunque México quedó fuera de la “tarifa global”, persisten aranceles específicos en sectores como el acero y el aluminio, donde las tasas se mantienen en un doloroso 50% para ciertos derivados. Es decir, la frontera no está cerrada, pero el peaje sigue siendo selectivamente caro. No es exactamente una sorpresa que el optimismo de la Presidenta sea moderado; en el tablero de Trump, las exenciones suelen ser concesiones temporales sujetas a resultados en seguridad y control migratorio.
El cierre de esta semana marca un punto a favor para la diplomacia mexicana, que logra desvincularse del bloque de países castigados por la nueva política de Washington. El contexto importa: con la revisión del T-MEC en el horizonte cercano, cada exención es una ficha de cambio que se guarda para la negociación mayor.
La tensión queda abierta en los detalles finos del intercambio comercial, especialmente ahora que Estados Unidos simplificó gravámenes para algunos metales pero mantuvo el mazo levantado para otros. Por hoy, los mercados respiran, pero en la relación bilateral, nadie se atreve a decir que el fuego está totalmente apagado.


















































