A pesar de que México enfrenta uno de los repuntes de sarampión más significativos de los últimos años y de que Quintana Roo ya registra casos confirmados, los módulos de vacunación en Cancún lucen una calma preocupante. Este lunes, la afluencia de ciudadanos para completar esquemas de inmunización se mantuvo por debajo de las expectativas de las autoridades sanitarias. El detalle no es trivial.
La Secretaría de Salud Federal confirmó recientemente que la entidad suma al menos seis casos positivos —dos de ellos localizados en Benito Juárez—, lo que sitúa a Quintana Roo como el estado con mayor número de contagios en la Península. Sin embargo, en puntos estratégicos como el Hospital General Regional No. 17 y las Unidades de Medicina Familiar, las filas para recibir el biológico SRP o SR son, en el mejor de los casos, intermitentes.
Como si hiciera falta recordarlo, el sarampión es una de las enfermedades más contagiosas conocidas, capaz de aprovechar cualquier brecha en la cobertura de vacunación. Resulta no exactamente una sorpresa que, tras años de “fatiga pandémica”, la población haya relajado las medidas preventivas, pero la estadística nacional no perdona: con más de 8 mil casos acumulados en el país este 2026, la inmunidad de rebaño parece hoy más un concepto de libro que una realidad en las calles.
Para intentar revertir la tendencia, las brigadas de salud han extendido su presencia más allá de las clínicas, instalándose en tianguis de regiones como la 239 y la 229. La explicación oficial deja preguntas sobre si la falta de asistencia se debe a una simple desidia ciudadana o a una falla en la comunicación de riesgo, pues mientras los macrocentros esperan pacientes, la sombra de un brote mayor sigue creciendo.
El riesgo no es solo local; en una ciudad que vive de la conectividad internacional, una baja tasa de vacunación es una invitación abierta a complicaciones sanitarias que Cancún no puede permitirse. Lo que sigue es una carrera contra el tiempo: o los ciudadanos acuden a los módulos en los próximos días, o el sistema de salud tendrá que gestionar algo mucho más costoso que una campaña de vacunación.




















































