Mientras la ciudad intentaba mantener su ritmo habitual, en la Supermanzana 105 el ambiente se puso denso. Elementos de seguridad detuvieron a un sujeto identificado como Diego Armando “N”, quien paseaba por el fraccionamiento Tierra Maya no precisamente disfrutando del paisaje, sino cargando lo que parecía ser una sucursal móvil de estupefacientes.
La detención ocurrió durante un recorrido de vigilancia, parte de esas estrategias que buscan disuadir lo que ya es paisaje común en ciertas zonas. No es un dato menor: la captura se dio en flagrancia, ese momento incómodo donde la excusa de “no es mío” pierde toda validez.
La huida que no fue
Según el reporte oficial, los oficiales notaron a Diego Armando manipulando bolsitas transparentes con hierba verde junto a una motocicleta negra. Al ver la patrulla, el instinto de supervivencia —o de culpa— se activó: intentó encender la moto y escapar.
Spoiler: no llegó lejos. Las autoridades lograron interceptarlo antes de que pudiera perderse entre las calles del fraccionamiento.
El inventario incautado
Al realizarle la inspección de seguridad, la “mariconera” (bolsa tipo bandolera) que llevaba resultó ser una caja de Pandora, pero de sustancias ilícitas. El recuento final dejaría pensando a cualquiera sobre el volumen de ventas al menudeo en la zona:
105 bolsitas con hierba verde y seca (con características de la marihuana).
Una bolsa mediana con más del mismo vegetal.
22 bolsitas con sustancia cristalina (presumiblemente metanfetamina o “cristal”).
Una motocicleta marca Italika, color negro, sin placas visibles.
Como si hiciera falta recordarlo, este tipo de aseguramientos confirman que el flujo hormiga de drogas en las colonias populares sigue siendo un motor constante, a pesar de los rondines.
Lo que sigue
Diego Armando “N” y todo lo asegurado fueron puestos a disposición de la Fiscalía Especializada en Delitos Contra la Salud. Ahora enfrentará su proceso legal, pasando de ser un motociclista con prisa a un número más en las estadísticas de la Fiscalía General del Estado (FGE).
La pregunta que queda en la 105 no es tanto sobre la culpabilidad del detenido, sino cuánto tardará en aparecer el siguiente vendedor en la misma esquina.




















































