Las calles de Chetumal, históricamente castigadas por el clima y el abandono, están recibiendo una nueva capa de atención. El Gobierno de Quintana Roo anunció un reforzamiento en las brigadas del programa de bacheo, con el objetivo declarado de mejorar la seguridad vial y la imagen de la capital. El detalle no es trivial.

La intervención se concentra en las avenidas con mayor flujo vehicular y en puntos críticos que se habían convertido en auténticos obstáculos para los automovilistas. Según la información oficial, se busca reducir el riesgo de accidentes y el desgaste prematuro de los vehículos, una queja constante entre los chetumaleños que ven cómo sus suspensiones sufren las consecuencias del pavimento vencido.
La explicación oficial deja preguntas sobre la durabilidad de estos trabajos, especialmente considerando que la capital suele enfrentarse a un suelo complejo y a lluvias que no perdonan. No exactamente una sorpresa, el anuncio llega en un momento donde la presión ciudadana por vialidades dignas ha subido de tono en redes sociales y foros vecinales.
Como si hiciera falta recordarlo, el bacheo es una solución necesaria pero reactiva. Mientras las cuadrillas avanzan tapando los desperfectos más visibles, la ciudadanía espera que este esfuerzo sea el preámbulo de una repavimentación integral en las zonas donde el asfalto ya cumplió su ciclo de vida útil hace varias administraciones.
Lo que sigue es verificar si el ritmo de las brigadas logra ganarle la carrera al deterioro natural de las calles. Por ahora, los conductores de Chetumal tendrán que lidiar con los cierres parciales de circulación, un precio que la mayoría parece estar dispuesta a pagar con tal de no caer en el siguiente hoyo.




















































