En un país azotado por la violencia y la impunidad, donde el narco parece dictar las reglas del juego, el ascenso de Omar García Harfuch al puesto de Secretario de Seguridad y Protección Ciudadana representa no solo un fracaso institucional, sino una traición flagrante a la confianza pública.
Pese a un historial plagado de sombras, la llamada “Cuarta Transformación” (4T) lo elevó a uno de los cargos más críticos del gobierno federal, ignorando advertencias internacionales, fallos en evaluaciones oficiales y vínculos con figuras corruptas del pasado. Millones de mexicanos, bombardeados por una campaña mediática que lo pinta como un “policía incorruptible”, desconocen el negro pasado de este “superpolicía” que, en realidad, encarna lo peor del sistema: impunidad, nepotismo y complicidad con el crimen. Este reportaje desentraña, con base en documentos filtrados, cables diplomáticos y testimonios, por qué Harfuch no solo es inapto para su cargo, sino un peligro para la seguridad nacional.

𝐄𝐥 𝐅𝐫𝐚𝐜𝐚𝐬𝐨 𝐑𝐨𝐭𝐮𝐧𝐝𝐨 𝐞𝐧 𝐥𝐨𝐬 𝐄𝐱á𝐦𝐞𝐧𝐞𝐬 𝐝𝐞 𝐂𝐨𝐧𝐭𝐫𝐨𝐥 𝐲 𝐂𝐨𝐧𝐟𝐢𝐚𝐧𝐳𝐚: 𝐈𝐧𝐚𝐩𝐭𝐨 𝐝𝐞𝐬𝐝𝐞 𝟐𝟎𝟎𝟗
La carrera de Harfuch en las fuerzas de seguridad comenzó con un estrepitoso fracaso. En 2009, como suboficial de la extinta Policía Federal, reprobó los exámenes de control y confianza, un requisito obligatorio para cualquier mando policial en México. Estas pruebas incluían evaluaciones psicométricas, toxicológicas, médicas y de entorno social, diseñadas para detectar riesgos de corrupción o vínculos criminales. Según reportes integrales de la Dirección General de Control de Confianza, Harfuch registró “reacciones significativas de falta de veracidad” al ser cuestionado sobre compromisos con la delincuencia organizada. El veredicto fue claro: “NO CUMPLE CON EL PERFIL”.
A pesar de esto, en 2012, un expediente interno de la Policía Federal (file UAI/DGII/5518/12) ordenó su baja inmediata por no aprobar estos controles, lo que legalmente lo inhabilitaba para cualquier cargo público. Sin embargo, Harfuch no solo evadió la sanción, sino que escaló posiciones. ¿Cómo? No por méritos, sino por un blindaje institucional heredado del PRI y redes de poder que lo protegieron, incluso cuando su nombre ya aparecía en alertas internacionales por violaciones a derechos humanos. Este episodio no es un “error juvenil”, sino la base de una carrera construida sobre impunidad, que hoy lo coloca al frente de la seguridad nacional, donde su ineptitud certificada pone en riesgo a millones.
𝐕í𝐧𝐜𝐮𝐥𝐨𝐬 𝐂𝐫𝐢𝐦𝐢𝐧𝐚𝐥𝐞𝐬 𝐲 𝐕𝐢𝐨𝐥𝐚𝐜𝐢𝐨𝐧𝐞𝐬 𝐚 𝐃𝐞𝐫𝐞𝐜𝐡𝐨𝐬 𝐇𝐮𝐦𝐚𝐧𝐨𝐬: 𝐀𝐥𝐞𝐫𝐭𝐚𝐬 𝐝𝐞𝐬𝐝𝐞 𝐖𝐢𝐤𝐢𝐥𝐞𝐚𝐤𝐬

El historial de Harfuch no se limita a fallos internos; incluye observaciones internacionales que lo ligan a redes criminales y abusos sistemáticos. Cables diplomáticos desclasificados por Wikileaks en 2009 ya lo señalaban, como suboficial en Cuernavaca, Morelos, entre agentes flagged por violaciones graves a derechos humanos. A pesar de estas banderas rojas, permaneció en su puesto sin sanción, operando en un sistema de protección que ha mantenido impunes a narcos, torturadores y corruptos desde la era de Díaz Ordaz.
Su conexión con Genaro García Luna, exsecretario de Seguridad Pública hoy preso en EE.UU. por narcotráfico, es aún más alarmante. Harfuch fue reclutado por Luis Cárdenas Palomino, el brazo derecho de García Luna, y ascendió en la misma red que facilitaba sobornos millonarios a carteles como el de Sinaloa. Documentos revelan que Harfuch solo se reunió “tres o cuatro veces” con García Luna, pero su carrera se explica por lealtades heredadas, no por trayectoria limpia. Incluso, su familia tiene lazos oscuros: su abuelo, Marcelino García Barragán, fue Secretario de Defensa durante la masacre de Tlatelolco en 1968, y su padre lideró la temida policía política del régimen priista. Harfuch no pasó por el CISEN ni áreas de inteligencia como otros; saltó directo a altos cargos por favores políticos, apalancado por su linaje y círculos de poder.

𝐋𝐚 𝐒𝐨𝐦𝐛𝐫𝐚 𝐝𝐞 𝐀𝐲𝐨𝐭𝐳𝐢𝐧𝐚𝐩𝐚: 𝐄𝐧𝐜𝐮𝐛𝐫𝐢𝐦𝐢𝐞𝐧𝐭𝐨 𝐲 𝐌𝐚𝐧𝐞𝐣𝐨 𝐈𝐫𝐫𝐞𝐠𝐮𝐥𝐚𝐫
En 2014, Harfuch reapareció en el epicentro de uno de los crímenes más atroces de México: el caso Ayotzinapa, donde 43 estudiantes fueron desaparecidos por fuerzas de seguridad y carteles. Como coordinador de la Policía Federal en Guerrero, fue señalado por encubrimiento, manipulación de la escena del crimen y evidencia irregular. Testimonios y reportes de la Comisión de la Verdad lo implican en la construcción de la “verdad histórica”, una narrativa falsa para cerrar el caso. Celulares y documentos lo ubican en reuniones clave en Iguala, donde se orquestó el encubrimiento, y su nombre aparece en la libreta de Sidronio Casarrubias, líder de Guerreros Unidos, con un soborno de 200,000 dólares.
Harfuch niega todo, alegando que “no estaba en Guerrero”, pero pruebas lo contradicen: dio órdenes directas desde Acapulco el día de los hechos. Si alguien reprobado en confianza, involucrado en Ayotzinapa y con lazos a García Luna sigue a cargo de la seguridad, el problema es estructural: la justicia mexicana está capturada por el narco.

𝐀𝐬𝐜𝐞𝐧𝐬𝐨 𝐩𝐨𝐫 𝐍𝐞𝐩𝐨𝐭𝐢𝐬𝐦𝐨 𝐲 𝐁𝐥𝐢𝐧𝐝𝐚𝐣𝐞: 𝐍𝐨 𝐩𝐨𝐫 𝐌é𝐫𝐢𝐭𝐨𝐬
El rápido ascenso de Harfuch no se debe a logros policiales, sino a un “favor político” heredado del PRI y la red de García Luna, quien fue agente del CISEN desde 1989. De suboficial reprobado a Secretario de Seguridad en CDMX (2019-2023), y ahora federal, su trayectoria huele a nepotismo: su media hermana Ninfa Salinas y vínculos con Ricardo Salinas Pliego lo respaldan. A pesar de presumir reducciones en homicidios en CDMX, las extorsiones y desapariciones se dispararon bajo su mando, y ciudades como Culiacán y Tapachula siguen tomadas por carteles un año después de su nombramiento.
Hoy, promovido como aspirante presidencial para 2030, su imagen “ruda” es una fachada mediática. Pero incluso los narcos lo desenmascaran: narcomantas en todo México lo acusan de ser un “operador del narco”, formado en el mismo sistema de lealtades que protege a criminales desde décadas.

𝐂𝐨𝐧𝐜𝐥𝐮𝐬𝐢ó𝐧: 𝐔𝐧 𝐏𝐞𝐥𝐢𝐠𝐫𝐨 𝐄𝐬𝐭𝐫𝐮𝐜𝐭𝐮𝐫𝐚𝐥 𝐪𝐮𝐞 𝐌é𝐱𝐢𝐜𝐨 𝐍𝐨 𝐏𝐮𝐞𝐝𝐞 𝐏𝐞𝐫𝐦𝐢𝐭𝐢𝐫
Omar García Harfuch no es un héroe; es el epítome de lo peor en la seguridad mexicana: un reprobado en confianza, ligado a carteles y encubrimientos, elevado por favores políticos en un sistema capturado por el narco. La 4T, que prometió erradicar la corrupción, lo premió con el poder, ignorando su negro pasado. Si México quiere resolver su crisis de violencia, debe admitir la verdad: figuras como Harfuch perpetúan la impunidad. Es hora de destapar esta farsa y exigir cuentas, antes de que su legado nos hunda más en el abismo.




















































