Un equipo de científicos del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), liderado por Mariano Barbacid, logró eliminar en ratones el adenocarcinoma ductal de páncreas, el tipo de cáncer pancreático más común y con peor pronóstico, mediante una terapia combinada de tres fármacos que evita resistencias y no provoca efectos secundarios relevantes.

No es un dato menor. Se trata de la primera vez que se consigue una curación completa de este tipo de tumor en modelos experimentales, un hito en un campo donde, hasta ahora, los avances han sido limitados.
La estrategia fue diseñada por las investigadoras Vasiliki Liaki y Sara Barrambana, primeras autoras del estudio, junto con Carmen Guerra, coautora principal. Los resultados fueron publicados en la revista científica PNAS y presentados en rueda de prensa por Barbacid junto a Guerra, la presidenta de la Fundación CRIS contra el Cáncer, Lola Manterola, y la soprano y paciente de cáncer de páncreas, Cristina Domínguez.
El adenocarcinoma ductal de páncreas suele diagnosticarse en fases avanzadas y tiene una tasa de supervivencia especialmente baja: solo alrededor del 5% de los pacientes supera los cinco años de vida tras el diagnóstico.
“Conocemos muy bien este cáncer, pero todavía no podemos hacer nada más allá de la quimioterapia actual, que desgraciadamente no sirve para muchos pacientes”, explicó Barbacid, quien recordó que el gran detonante de este tumor es la mutación del oncogén KRAS.
Aunque ya existen fármacos dirigidos contra KRAS, su eficacia suele ser temporal. En pocos meses, el tumor desarrolla resistencia y vuelve a crecer. El enfoque del CNIO fue distinto: atacar simultáneamente tres motores clave del cáncer, las proteínas KRAS, EGFR y STAT3, responsables tanto del crecimiento tumoral como de la aparición de resistencias.
El resultado fue contundente. En el estudio, los investigadores implantaron células tumorales de seis pacientes en 18 ratones. Doscientos días después de finalizar el tratamiento, 16 de ellos seguían vivos, libres de enfermedad y sin efectos adversos significativos.
El camino hasta este punto fue largo. En 2019, el mismo equipo había logrado suprimir tumores en ratones atacando dos dianas, EGFR y RAF1, pero con limitaciones importantes: solo respondía la mitad de los tumores y ninguno lo hacía cuando superaban cierto tamaño. Durante los seis años siguientes, los investigadores identificaron una tercera pieza clave: STAT3, implicada en procesos como proliferación celular, inflamación y supervivencia tumoral.
La nueva terapia combina daraxonrasib —un inhibidor de KRAS aún no aprobado por la FDA—, afatinib, ya utilizado en algunos cánceres de pulmón, y el degradador de proteínas SD36. Con esta combinación, los ratones permanecieron hasta 300 días libres de tumor, aproximadamente la mitad de su esperanza de vida.
A partir de ahora, la hoja de ruta es clara pero exigente. El equipo planea probar la estrategia en otros modelos de ratón con distintas alteraciones genéticas, estudiar con mayor detalle las metástasis y analizar el impacto de la terapia en el microambiente tumoral.
Para ello, Barbacid hizo un llamado directo a cirujanos y patólogos para que envíen muestras de pacientes al CNIO. “Nos queda mucho por hacer”, reconoció.
El siguiente gran reto será reunir la financiación necesaria para avanzar hacia ensayos clínicos en humanos, con el objetivo de comprobar si esta terapia puede replicar su eficacia sin toxicidad ni resistencias, como ocurrió en los modelos animales.
En ese camino, Barbacid destacó el respaldo de la Fundación CRIS contra el Cáncer, que en los últimos cinco años ha destinado 46 millones de euros a la investigación oncológica y ha financiado parte de este proyecto desde hace seis años.
El avance no significa aún una cura disponible para pacientes, pero sí abre una puerta que durante décadas permaneció cerrada en uno de los cánceres más letales que existen.




















































