A pesar de los decretos presidenciales y las estrictas alertas sanitarias emitidas por la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris), el uso y la comercialización de vapeadores y cigarrillos electrónicos se mantienen vigentes en el mercado mexicano, particularmente en destinos turísticos de Quintana Roo.
Realidad vs. Regulación Desde hace un par de años, México endureció las leyes para prohibir la importación, venta y distribución de estos dispositivos. Sin embargo, en ciudades como Cancún, Playa del Carmen y Chetumal, es común observar a jóvenes y adultos utilizando estos aparatos en espacios públicos, plazas comerciales y centros nocturnos.
La oferta no ha desaparecido; se ha transformado. Los dispositivos se siguen encontrando en máquinas expendedoras, tiendas especializadas (vape shops) que operan bajo amparos legales, y principalmente a través de redes sociales, donde el mercado informal domina la distribución.
¿Por qué continúa su consumo? Expertos señalan que la falta de una vigilancia constante en los puntos de venta y la facilidad de adquirir productos de contrabando han anulado el efecto de la prohibición. Además, existe una percepción de bajo riesgo entre los consumidores, quienes consideran al “vapeo” como una alternativa menos dañina que el tabaco tradicional, a pesar de que la Cofepris ha detectado sustancias tóxicas y metales pesados en sus componentes.
Riesgos a la salud bajo la lupa La autoridad sanitaria ha sido enfática: los vapeadores contienen compuestos químicos como acetato de vitamina E, utilizado en aceites, que puede causar lesiones pulmonares graves. Asimismo, muchos productos etiquetados como “libres de nicotina” sí contienen esta sustancia, fomentando la adicción entre adolescentes, un sector que ha incrementado su consumo debido a los sabores frutales y diseños llamativos.
El vacío legal En el ámbito judicial, diversos establecimientos han logrado obtener suspensiones definitivas (amparos) contra el decreto prohibitivo, argumentando que se vulnera el derecho al libre desarrollo de la personalidad y la libertad de comercio. Esto ha creado un escenario de incertidumbre donde, mientras la venta es técnicamente ilegal a nivel federal, en la práctica sigue operando en gran parte del territorio nacional.
Por ahora, el “humo” de los vapeadores sigue presente en el paisaje urbano de México, evidenciando el reto que representa para el Estado mexicano hacer cumplir una normativa que choca frontalmente con la demanda del mercado y las estrategias de distribución digital.




















































