
Rusia ha comenzado a reducir sus provocaciones militares en Europa del Este con el objetivo de evitar una escalada directa con la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), de acuerdo con declaraciones de Kaupo Rosin, jefe del Servicio de Inteligencia Exterior de Estonia.
En entrevista con la emisora pública estonia, Rosin aseguró que, según el análisis de su agencia, Moscú no tiene actualmente la intención de atacar a los países bálticos ni a la OTAN en general, pese al clima de tensión que persiste desde la invasión rusa a Ucrania en 2022.
“Lo que seguimos viendo hoy es que Rusia no tiene intención de atacar a ninguno de los Estados bálticos ni a la OTAN en su conjunto”, afirmó el funcionario, aunque subrayó la necesidad de mantener una vigilancia constante ante cualquier cambio de estrategia del Kremlin.
Las declaraciones contrastan con advertencias recientes de líderes occidentales. A principios de este mes, el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, señaló que la alianza debe prepararse para un posible ataque ruso en los próximos cinco años, llamando a los países europeos a fortalecer su capacidad defensiva.
Rosin sostuvo que Rusia respeta actualmente los límites de la OTAN y busca evitar un enfrentamiento abierto, postura que atribuyó a la firme respuesta de la alianza ante incidentes previos, como violaciones al espacio aéreo y maniobras militares cercanas a fronteras aliadas.
A inicios de este año, aviones de combate rusos incursionaron durante 12 minutos en el espacio aéreo de Estonia, lo que derivó en una reunión de emergencia de la OTAN. Sin embargo, el jefe de inteligencia afirmó que desde entonces Moscú ha adoptado una estrategia más cautelosa, ajustando rutas de vuelo de aviones y drones tanto sobre Ucrania como en el mar Báltico.
Pese a esta moderación, los países del flanco oriental de la OTAN —especialmente Estonia, Letonia, Lituania y Polonia— continúan enfrentando ciberataques, sabotajes e incendios provocados, que las autoridades occidentales atribuyen a servicios de inteligencia rusos. Moscú ha rechazado estas acusaciones y las ha calificado como exageradas.
Rosin criticó el uso del término “ataques híbridos” para describir estos hechos, al considerar que minimiza la gravedad de las acciones. “Si es sabotaje, debe llamarse sabotaje”, afirmó.
Finalmente, el funcionario señaló que las sanciones occidentales, en particular las relacionadas con el petróleo y el acceso a los mercados financieros, comienzan a generar presión real sobre Rusia, aunque descartó un colapso inmediato de su economía. “La presión está empezando a pasar factura”, concluyó.




















































